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Por Sandra Kan

El cielo va cambiando lentamente de color y la ciudad se ilumina. El sol ha salido desde el Pacífico y ha roto una de las reglas básicas de la naturaleza que nunca sospeché cambiarían en mi vida de viajera.

El sol Pacífico del amanecer ilumina la larga fila de barcos que esperan cruzar el Canal.

Antes, los españoles cruzaban del Atlántico al Pacífico a lomo de mula. Luego apelaron al tren y, finalmente y tras muchos sacrificios de toda índole, se construyeron estas exclusas gigantescas que equilibran el agua entre un océano y otro para que el comercio del mundo gire.

Mientras tanto el sol avanza desde el Pacífico y eso me llama la atención.

Uno espera del horizonte también una postal típica de país centroamericano, o sea una larga procesión de casas bajas y viejas o en reconstrucción y un centro pequeño donde seguramente se encuentra el Distrito Financiero.

Otra sorpresa. La maraña de edificios de última generación se revela sobre los márgenes de la Cinta Costera, desde Paitilla hacia la bella Nueva Avenida Balboa que se extiende rumbo al Causeway, pasando más allá de Avenida de los Poetas, rumbo a Amador y las islas Naos, Perico y Flamenco. Es desde ahí que hay que mirar la verdadera postal de una Panamá que, siempre en la búsqueda de paralelismos simpáticos, muchos llaman la Dubai del Centroamérica.

En los próximos años el crecimiento seguirá en forma sostenida gracias a las inversiones en ladrillos (más de 800 millones de dólares sólo en hoteles) y a la ya iniciada ampliación del Canal, lo que traducido en blanco sobre negro significan más o menos 7000 millones de dólares en un país de apenas 4 millones de habitantes.

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LA CIUDAD DESPIERTA
El Conjunto Monumental del Barrio San Felipe, el Casco Antiguo, es Patrimonio de la UNESCO y ya decenas de adelantados compraron las viejas residencias españolas para reciclarlas y transformar el barrio en un rincón chic de la ciudad. Esta porción capitalina fue edificada varios años después de que el pirata Morgan destruyera la ciudad original, ubicada más allá y cuyos restos se conocen como Panamá vieja.

El recorrido obligado se organiza a través de las plazas: la Plaza Bolívar es la de lo músicos y performers callejeros, la de la Independencia es donde descansan los bustos de los fundadores frente a la Catedral, la Herrera es rincón de restaurantes, bares y clubes y la Plaza Francia, desde donde disfrutar del Puente de las Américas, termina con la larga caminata por el barrio donde los balcones abren sus ventanales a la historia pasada, cuando se fundó la ciudad en 1673. La Catedral, el Palacio Presidencial, el Museo de Arte Religioso, la Iglesia San José con su altar de oro y el Museo del Canal son opciones para el Casco Viejo.

Llegar al centro donde se concentran restaurantes y hoteles es atravesar casi a paso de hombre una maraña de calles redondeadas de doble circulación. Amén de la actividad nocturna que es próspera, durante el día hay visitas clave como el Parque Nacional Metropolitano y el Recreativo Omar Torrijos, pero sin dudas los mejores paseos citadinos serán en los shoppings.

En Panamá se pueden comprar desde una playa completa frente al Caribe o al Pacífico, hasta una exquisita comida típica del país más lejano, pasando por la más amplia y exótica gama de objetos que uno pueda imaginar. Y todo a un precio súper económico. Recomendados: Allbrook Mall y Multiplaza Pacific.

Para “hacer” playa, como solemos decir algunos, hay que viajar fuera de la capital. Hasta hace unos años la playa más renombrada era Coronado, sobre todo por la cercanía al centro. Luego llegó el momento de Santa Clara, donde además de varios hoteles pequeños y muy simpáticos donde vivir una experiencia más rústica y completamente local como Las Veraneras, se edificó el Decamerón.

Ahora la moda dicta que el resort adonde no se puede dejar de ir es el nuevo Breezes Resot & Spa Panamá, un Super Inclusive que apenas abrió sus puertas hace unos meses.

Es fácil disfrutar de las vacaciones cuando uno tiene todo servido y no hay que andar ni trasladándose de un lado a otro ni pagando cuentas en cada rincón del hotel.

Al despertar, abrir las cortinas es tragar un poco de la espectacular vista del Pacífico en su esplendor. Santa Clara es una de las más bellas y amplias playas de Panamá, que lejos de ser blancas tienen la influencia de las arenas volcánicas del cercano Valle de Antón.

En el desayunador no faltan las más variadas frutas y cereales. Uno se pregunta como podrá almorzar luego de tantas tortas, dulces, panceta y quesos, huevos, jugos. Sin embargo tras las actividades de la mañana (spa, gym, juegos), el almuerzo es otra vorágine desde ceviche hasta sancocho y ñame, pasando por toda la gama de platos internacionales que se puedan antojar a un cuerpo en descanso.

Desde ya, la siesta en la playa a esta altura es obligación y luego, un chapuzón en el agua seguido de un paseo en vela manual, del cual cuesta regresar porque el Pacífico no es el Caribe y las corrientes son fuertes en la bahía. La tarde se prolonga en un suave remoloneo sobre la reposera, mientras ahí queda la oferta de jugar golf, participar de las clases de gimnasia, baile o deportes.

Desde el hotel se pueden hacer varias excursiones que se ofrecen en el lobby: el propio Canal de Panamá que es imperdible, el Valle del Antón, visita a Penonomé, la Comunidad Indígena Emberá y paseos en 4 x 4 por la selva.

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PORCION DE PARAISO
Poniendo rumbo al Mar Caribe el paisaje se suaviza y aclara. El agua se calma y da espacio a decenas de islas como las 367 que dan origen a San Blas, hecha famosa por una canción de Maná sólo por una cuestión de marketing porque con su belleza es una de las playas preferidas de Centroamérica desde hace siglos. Los Kunas cuidan que las islas permanezcan vírgenes y por eso las custodian y administran a su manera. Reciben a los turistas, les preparan sus comidas y disfrutan de los frutos de una tierra que los alimenta y acoge desde hace miles de años, antes de que llegaran incluso los españoles.

Sencilla en su infraestructura, es ahí donde justamente reside la belleza de San Blas, donde la mayoría de los visitantes se alojan en pequeñas cabañas, hotelitos rústicos y sencillos o incluso van de campamento y deben cuidar seriamente su comportamiento ecológico a riesgo de ser invitados a dejar el archipiélago.

Se llega en avioneta o barco. Existe una carretera sin pavimentar desde ciudad de Panamá pasando por Chepo hacia Cartí, por la costa pero de todos modos, una vez cruzada, la jungla será necesario embarcar para llegar a destino.
Hacia el Oeste, Bocas del Toro es un poco más desarrollado y su tamaño hace que flora y fauna sean más prolíficas. Sin dudas los monos son los protagonistas de cualquier visita.

El mar, la playa, el entorno, la gente y las pequeñas localidades son caribeñas, con un ingrediente latino inconfundible que lo hace especial. Llegar no es problema porque es una provincia desde la cual se accede fácilmente hasta las islas. Comer tampoco porque existen diversos restaurantes “estilo bocatoreño” que suman aventura con sus platos típicos. El alojamiento es en pequeños resorts exclusivos algunos de los cuales detentan detalles de lujo o en pensiones dispuestas para todos los presupuestos. Otro detalle que suma son varias marinas, que en todo Panamá son una muestra del nivel del público que llega al país desde los lugares más diversos con sus yates de costo incalculable.

Otro lugar reconocido internacionalmente pero que ha perdido algo de su esplendor histórico es la Isla Contadora, sobre el Pacífico, antes punto de descanso en la ruta por la cual los españoles sustraían las riquezas desde América rumbo a Madrid. Sin embargo, atrae muchos turistas ya que dispone de un campo de golf, canchas de tenis, variedad de restaurantes y es un imán para pescadores de marlín y peces vela. Hay muchas playas para disfrutar, incluso nudistas, y varios hoteles y posadas que aún guardan algo del esplendor de otra época.

Chiriquí, Darién, Coclé son sitios que aún no han mostrado lo suyo pero que guardan una gran belleza y secretos que, de a poco, se comienzan a descubrir. Un claro ejemplo es el de los fanáticos de la observación de pájaros, quienes en el interior encuentran la mayor variedad de América. Se suman muchas opciones de turismo aventura y deportes extremos por la particular geografía o incluso algunos de los mejores rincones del mundo donde conocer la belleza de las orquídeas, incluyendo las más raras del mundo (más de 2200 especies).

Hasta los 90, Panamá era sinónimo de Canal, de revueltas militares, era noticia por las invasiones extranjeras o por su facilidad por tercerizar todo tipo de comercio.

A partir de una decisión que puso al famoso cantante Rubén Blades como ministro de Turismo del país, lo que se sumó a cuestiones bien prácticas como campañas de marketing, la creación de un hub aéreo netamente americano y la apertura a las inversiones, Panamá ahora llama la atención de los viajeros que buscan.

Buscan hermosos paisajes, buscan comodidad, buscan novedad, buscan variedad.

Y llegan a este pequeñito país que antes no era y que hoy los sorprende mucho más que por el simple hecho de que el Sol sale por el Pacifico y se pierde, al atardecer, en algún otro rincón del mar que el viajero querrá descubrir.

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GUÍA ÚTIL
¿Cómo llegar?
Copa Airlines cuenta con vuelos directos desde la Ciudad de México y Guadalajara a Panamá. www.copaair.com
Costo: 450 dólares viaje redondo saliendo desde la Ciudad de México y 307 desde Guadalajara.

Hospedaje:
Breezes Panamá Resort & Spa: un todo incluido ubicado en el Océano Pacífico, cuenta con 294 habitaciones y suites y 5 piscinas.

Visa: no se requiere visa para viajar a Panamá.

Moneda: Balboa, un balboa equivale a 12.5 pesos.

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