“Los hijos y los nietos no nos necesitan, Isaac. ¿Tú me necesitas?”

Susana Alexander


(Temporada de homenaje a Brígida Alexander)

Por Tere Resa

La semana pasada vi la obra Yo soy una buena abuela madre suegra judía en el Teatro Tepeyac, que se ubica muy cerca de La Basílica de Guadalupe.

La obra es una ágil y divertida comedia familiar en dos actos que se lleva a cabo en el momento actual en México.

La estructura del argumento es lineal. Primero se presentan los personajes y se plantea el conflicto. Sara e Isaac Cohen, creyendo que van a darle una gran alegría a su pequeño, llegan de improviso a su casa. David está casado con Becky y tienen dos hijos: Moishe y Miriam.

La intención que tienen los padres de David es la de disfrutar a sus dos nietos -que son casi unos adultos- así como de su hijo, por una breve temporada, lo cual no les hace la más mínima gracia a ninguno de los familiares. ¿Por qué? Y es aquí donde se desarrolla el conflicto.

David está esperando una llamada telefónica. De ella depende que le confirmen la promoción de su trabajo a Tazmania, lo cual implica un ascenso. Pero a Sara le disgusta la idea de separarse de su familia, y peor aún, ¡que se vayan a otro continente!

Como muchas madres, La Bobbee es una persona que gusta de controlar las acciones de todos y esto le acarrea ciertos roces con su nuera y sus nietos. Por ejemplo, Moshe está concentrado preparando un trabajo en su lap-top y la abuela quiere que coma algo. Él dice que no; ella, que sí… Ella desea platicar un rato, y platica. El muchacho quiere trabajar y no puede. Y así un sinfín de situaciones muy simpáticas, por lo que tienes que ver la obra.

Corrían los años setenta cuando Isaac y Sara se casaron. En ese entonces era otra la forma de ver la vida: no había tanta prisa ni exigencias como ahora. Se disfrutaban los días de campo, se convivía con la naturaleza; las personas compartían su tiempo con sus familiares y amigos; se apreciaban las ideas sublimes. Todo eso ha cambiado: las relaciones humanas son frías, las computadoras han desplazado al ser humano, los valores se han transformado.

Me queda claro que el propósito fundamental de Susana Alexander, al poner esta obra, es el de rescatar los valores, teniendo como primordiales la prudencia, el respeto, la disciplina, la familia; en una palabra: recuperar la armonía entre los hombres y la naturaleza, e impidiendo que la tecnología domine nuestras vidas en su totalidad.

Acompañan a Susana Alexander, los actores Enrique Becker, Amara Villafuerte, Iván Caraza, José Ignacio Guerrero, Ariana Candela y Rebeca Irabien (alternando funciones) y Tatiana Zagazagoitia (voz).

Esta obra se presenta sábados (18:00 y 20:30 horas) y domingos (18:00).

 

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