SONY DSCEl documental Un Galeón de Manila se proyectará este martes 16 de julio en el Auditorio “Jaime Torres Bodet” del Museo Nacional de Antropología (Reforma y Gandhi s/n, Bosque de Chapultepec). La cita es a las 19:00 horas. La entrada es libre.

 

Entre dunas que mudan con el viento, investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) buscan las pistas del “San Felipe”, un galeón de Manila que hace 437 años, en el verano de 1576, como un barco fantasma varó en las costas de Baja California con toda su tripulación diezmada por el escorbuto.

 

Esta tragedia de una de las primeras naos de China, de las más célebres de la historia naval, así como el rastreo que hacen en conjunto arqueólogos e historiadores náuticos mexicanos y estadounidenses, llega a la pantalla en el II Ciclo de Documentales de Arqueología Subacuática, este martes 16 de julio, en el Museo Nacional de Antropología.

 

Dispersas y ocultas en la arena de una desolada playa bajacaliforniana, se encuentran láminas de plomo que forraban el navío, monedas de la Corona española, figuras de bronce y también fragmentos de grandes ánforas llamadas de Martabán y de porcelana china de la Dinastía Ming, esta última decorada con figuras de ave fénix, plantas, flores y dragones.

 

Desde 1999, más de millar y medio de estos materiales, muchos de ellos tesoros asiáticos que nunca llegaron a puerto, han sido recuperados por un equipo de investigadores de la Subdirección de Arqueología Subacuática (SAS) del INAH, en colaboración con reconocidos especialistas, como el historiador náutico Edward Von der Porten.

 

Un Galeón de Manila,  lleva al espectador en un viaje por el Océano Pacífico, de las Islas Filipinas al puerto de Acapulco, para luego contar la historia del infortunado buque “San Felipe” y su tripulación.

 

Cabe recordar que la Nao de China, el Galeón de Manila o de Acapulco (como también se le conocía), además de un barco, fue el nombre de una ruta que durante 250 años, de 1565 a 1815, convirtió a la Corona española en cabeza del comercio, no sólo con América sino también con Asia.

 

Los fragmentos de fina porcelana, la gruesa superficie de los martabanes, bloques de cera, figurillas de Perros de Fo en bronce, todo ello “nos habla de la amplia conexión en esta parte del Pacífico, entre chinos, japoneses, pueblos de Siam y otros, que confluían en Manila con cargamentos tan variados y ricos”.

 

A modo de pesquisa, el documental Un Galeón de Manila narra cómo el “San Felipe” fue construido en un astillero de la Nueva España y luego arribó a Filipinas, donde se rearmó la embarcación; contaba con tres mástiles y medía 115 pies de largo (alrededor de 35 m).

 

Partió de Filipinas rumbo a Acapulco hacia un “fatídico final”, llevado por corrientes traicioneras y una tripulación que comenzó a padecer males dietéticos, explicó el maestro en arqueología Roberto Junco.

 

Lo que más abunda “es parte del cargamento, la porcelana, la cera, algunos objetos suntuarios, pero también tenemos parte del buque, láminas de plomo que recubrían el casco, pernos y clavos de hierro, y un poco de madera fosilizada”.

 

El Proyecto Galeón de Manila ha enfocado sus últimas temporadas de campo en labores de excavación, y es probable que en las próximas se dé a la tarea de llegar a las zonas donde están las anomalías y que podrían relacionarse con restos más completos del buque.

 

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