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por Sergio Pastrana D’Abbadie

El agua turquesa de la alberca se une en el horizonte con la inmensidad del mar, el infinito está al alcance de la mano y un sentimiento de libertad se apodera de todos los sentidos.

Antes de que se ponga el sol, un paseo por el jardín zen lo tranquiliza todo y ya de noche la brisa marina y el tímido brillo de la luna iluminan solo para tus ojos los manglares que se extienden al otro lado del hotel: agua, vegetación y tú, combinación perfecta.

Unos recién casados descansan en la alberca privada de su habitación mientras esperan que llegue su cena, esta noche será un plato francés para ella y algo creado por el chef Mikel Alonso para él, mañana podrán probar lo que se ofrece en el Frida, de alta cocina mexicana o en el Sen Lin, de cocina oriental.