tn_dsc_01151Por Sandra Kan

La antigua Amber hoy se llama Jaipur y toma su nombre de su fundador, Maharaja Jai Singh. Por qué hablar de Jaipur? Porque se trata nada más y nada menos que de la capital del Rajasthan, la región más rica de la India en palacios y fuertes, festivales y bazares, cultura y bellezas de toda índole.

Esta razón la convierte en una de las capitales más visitadas por viajeros de todo el mundo, quienes la reconocen como la Ciudad Rosa. Posee 342.000 km2 de superficie donde conviven ríos, desiertos, grandes ciudades populosas y el desierto del Thar, que cubre el oeste mientras que hacia el este , dicen que reinan los tigres, en especial en el Ranthanbhore Park.

En las calles de la Ciudad Rosa todo es alegría. Lo antiguo y lo moderno coexisten en una maraña de bazares donde los comerciantes venden todo y donde está mal visto que los compradores no regateen y consigan grandes descuentos en todo.

Jaipur es escenario de campeonatos de polo y la filmación de películas de Bollywood, la industria del cine india, mientras que ferias y festivales están a la orden del día con sus músicas, sus platos típicos y sus manifestaciones religiosas.

Lejos del blanco y el negro la vista es una explosión de colores y, exigiendo al máximo el sentido olfativo, los olores se mezclan y combinan en aromas desconocidos para nuestras narices occidentales y a veces exquisitos, sobre todo para aquellos que gustan de las especias y los picantes. Entre las bocinas intermitentes, los animales que cruzan las calles y los riskshaws (bicitaxis), el guía hace su relato en media lengua. Ni todos hablan inglés, ni es comprensible el español que logran expresar.

“El Amber Fort se construyó en el siglo XVII y fue embellecido y terminado un siglo después. Pero el edificio hoy más famoso es el City Palace, una combinación de arquitectura mogol y rajput que ahora forma un complejo donde se instaló un museo, un hotel y aún se mantiene una de las viviendas reales. La ciudad vieja fue pintada de rosa para dar la bienvenida al Príncipe de Wales en el S XVIII, quien después se convertiría en el Rey de Inglaterra Eduardo VII. Desde ahí, el color rosa sobre las fachadas quedó como un color de bienvenida asociado a la hospitalidad de nuestro pueblo”, siguió explicando durante todo un día.

Ubicado a 11 km del Centro el Fuerte Amber es una antigua ciudadela que reúne palacios, pabellones, templos y salones que conformaban la capital de Dhundhar durante siete centurias en las cuales le fueron dando forma al edificio como se lo puede visitar hoy.

Lo hindúes creen en la reencarnación y ven en la pobreza la necesidad de la resignación. Esto es difícil de comprender si el viajero llega con su filosofía occidental tan diferente y es por esa misma razón que todo lo que uno conoce y descubre en la India debe pasar por el tamiz de la comprensión más absoluta. Y no muchos logran ese estado, embebidos en sus propios prejuicios.

Es entonces difícil comprender que hay más de 1.000 dioses que integran la vida religiosa de los indios, dentro de la cual el Hinduismo es casi la más importante del país seguida por el budismo, el sincretismo y el sikismo, más una tercera parte de población musulmana y otros tanto de cristianos. También es difícil entender que no coman carne, y lleguen a pasar hambre, siendo la vaca una animal sagrado que se reproduce libremente en todo el territorio del país.

India fue conquistada miles de veces a lo largo de su historia y eso se nota en la diversidad del paisaje, la cultura, los idiomas y las creencias, que cambian casi radicalmente cada 100 km de camino. En Jaipur conviven costumbres y rituales como el Festival del Elefante que tiene lugar en marzo y atrae visitantes de todo el país con su procesión de increíble belleza.

Otros dos sitios imperdibles son el Observatorio Jantaar Mantar, edificado en 1827 en mármol y piedra, el cual posee novedosos instrumentos para observar el movimiento del sol, las estrellas y los cuerpos celestes. El Hawa Mahal, el Palacio de los Vientos, fue construido sobre la calle principal de la ciudad en 1799 por Sawai Pratap para que sus mujeres pudieran disfrutar de las procesiones sin ser vista por la gente desde el exterior. Cuenta con cinco pisos en forma piramidal con balcones y pequeñísimos domos y es el máximo exponente de la arquitectura Rajput, de gran belleza y cuyo formato parece la corona del Dios Krishna.

Camino de Rajasthan

Para llegar a Jaipur será necesario comenzar el viaje en Nueva Delhi, donde el Fuerte Rojo, la Tumba de Humayum y Lakshmi Narayan Temple son imperdibles así como el National Museum y le parque que rodea a la Puerta de la India, en el camino de los reyes, donde miles de familias se reúnen al atardecer buscando el fresco durante gran parte del año, salvo en la época de monzones que se extiende desde mayo hasta octubre.

El paso siguiente es Agra y recién después llegan Jaipur y Udaipur. Fuertes, palacios, jardines y mausoleos dan el marco perfecto a Agra, fundada a orillas del Yamura en 1505 pero prácticamente reconstruida por los ingleses. Aún perduran algunos de sus más increíbles monumentos mogoles cuya obra cúlmine es el Taj Mahal así como el Fuerte Rojo, el Mausoleo Intimad-Ud-Daulah y la vieja ciudad abandonada Fatehpur Sikri.

Mucho se habló sobre el Taj Mahal y su imán exquisito. Demasiada belleza para una tumba que demuestra el amor de un rey por su reina y cuya construcción se llevó 20.000 trabajadores y 16 años así como 41 millones de rupias, que deben haber sido una fortuna hacia 1631, cuando murió a bella Mumtaz Mahal, que le diera su nombre. Rodean al magnífico edifico de mármol banco y piedras preciosas cuatro alminares y, al frente, el estanque de loto que juega su papel de espejo en un efecto de luces y sombras que parecen hacer del edificio algo eterno.

La ruta continúa a Jodhpur, una ciudad que limita con el desierto de Thar y continúa con varias ciudades dignas de ser recorridas si uno cuenta con el tiempo suficiente. En esta ciudad se encuentra el Mehrangarth Fort, a 125 m de altura. Udaipur es el final de la ruta del Rajasthan. Antes de llegar es imprescindible hacer una parada en el templo Vimala Vasahi, en Dilwara, hecho en mármol repujado con bellas formas que adoran a los dioses jainistas.

En Udaipur se ubica el City Palace sobre el Lago Pichola, donde hay un museo, un hotel con grandes salones y miles de habitaciones decoradas al gusto de alguno de los 120 maharajas que lo habitaron desde el S XVI.

India nunca termina aunque Udaipur se plantee como fin del viaje. Cada rincón y cada edificio es una historia que aún vive en su gente, en sus creencias y en su vida cotidiana. Vender un viaje a la India es diferente a vender cualquier otro paquete turístico y quien lo compra espera lo que definitivamente tendrá: el despertar del asombro.

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